[Paseíto por Chile] Día 7. Valparaíso

Nuestro sexto día en Chile lo fue de transición, pasamos la mañana relajados en San Pedro de Atacama e intentando localizar un esquivo gorro de lana de Sara que se le cayó en el minibús que nos llevó al Tour Astronómico.

Lo encontramos, pero no lo pudimos recuperar, se lo mandarían a nuestra amiga Esther, quien se lo entregó a su madre unas semanas después; es decir, ahora mismo el gorro debe estar a un kilómetro en línea recta de nuestra casa, pero no lo tenemos aún.

A mediodía y tras dos adelantos no notificados tomamos el tránsfer al aeropuerto de Calama. En el bus volvimos a coincidir con una pareja brasileña con quien coincidimos en varias excursiones y de los que nos hicimos amigos, pero quedamos en que me harían amigos de facebook, y debe ser que no me han podido encontrar todavía. 🙁

De vuelta en Santiago, aprovechamos para poner una lavadora en casa de Esther y pasear un poco, tranquilamente.

A la mañana siguiente, con calma, fuimos en metro a una estación de autobuses y tomamos uno a Valparaíso, donde en la propia estación contratamos un tour en furgoneta por la ciudad, ya que no íbamos a tener demasiado tiempo. Creo que fue buena idea, aunque he de reconocer que nos quedamos con ganas de mucho más, pero el problema no era el tour, sino el escaso tiempo que teníamos para dedicar a esta interesante ciudad.

La primera parada fue en el extremo oriental de la ciudad, en el cerro Barón, desde el que está tomada esta panorámica.

Día 7. Valparaíso desde Cerro Barón

Posteriormente, bajamos a la costanera, donde me sorprendió ver cómo eran capaces de subir hasta esa plataforma desde el agua los ejemplares más jóvenes de esta colonia de leones marinos.

Día 7. Leones marinos

Si hay algo por lo que es mundialmente conocida Valparaíso es por el colorido de sus casas, inicialmente porque se aprovechaban las chapas de los contenedores que se iban a desechar en el puerto y las sobras de la pintura de los buques, según nos contó nuestro guía. También es conocida esta ciudad por dar cobijo a infinidad de artistas urbanos, que suelen contar con el beneplácito de los habitantes para decorar sus calles.

Día 7. Chapas coloridas y graffiti.

Siguiendo con elementos característicos de esta ciudad, las cuestas que suben a los cerros, y los perros callejeros, que gozan en general de cuidados adecuados por parte de los vecinos.

Día 7. Cuestas

Mientras seguíamos visitando la ciudad, parando en diversos puntos de interés y paseando por algunos barrios, pudimos admirar gran cantidad de graffiti, e incluso charlar con un artista, oriundo de Orihuela, y que era feliz allí pudiéndose ganar el pan con su arte.

Día 7. Graffiti

Me encantó esta empinada calle con sus escaleras en los laterales.

Día 7. Stairway to heaven

Paramos a comer en un sitio en el extremo occidental de la ciudad, después bajamos por un elevador, también característico de la ciudad, y poco después nos separamos de nuestro guía, para poder pasear un poco a nuestro aire.

A ello nos dedicamos con una linda pareja hondureña, Marcela y José, con quien entablamos amistad en el almuerzo, siendo él, colega de Sara, ¡curiosa coincidencia!

Mentiría si dijera que Valparaíso no está repleta de escaleras, la mayor parte de ellas pintadas con colores vivos, y muchas de ellas, también con gente sentada dibujando, eso es lo que yo vi.

Día 7. Infinitas escaleras

Como decía, nuestro último rato en Valparaíso lo disfrutamos con Marcela y José, paseando un poco, charlando mucho, y experimentando el viaje en colectivo local.

Aquí estamos el grupete explorador:

Selfie por Marcela y José

Con ellos también subimos en bus de vuelta a Santiago, hicimos muy buenas migas, hasta el punto de que nos invitaron a cenar esa noche, invitación que tuvimos que declinar ya que cuando ellos marcharon a encontrar a su amiga, nosotros corríamos hacia la nuestra, nuestra querida Esther, con quien tomaríamos el vuelo esa noche rumbo a la Patagonia.

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