29/3 de Toliara a Anakao

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Hoy lo primero que hicimos en previsión del inminente aislamiento fue sacar dinero, ya que si en pocos sitios hemos podido pagar con tarjeta, a donde íbamos sería todavía más imposible y había que pertrecharse de efectivo. Para que os hagáis una idea, por lo que hemos podido comprobar, se pueden sacar 200000 MGA (Ariary), que vienen a ser unos 65 €, y en estos días hemos podido comer, según el sitio, por entre 8000 y 45000 Ariary, siendo lo típico unos 30000.
Ya con pasta volvimos al hotel a recoger el equipaje y montarnos en el taxi que nos llevaría al barco que nos llevaría a Anakao. El taxi nos dejó en unas oficinas del hotel de Anakao y allí a esperar el barco. Comentario de Sara: “pues el mar no ha venido todavía”. Efectivamente, para sorpresa nuestra, nos quedaría aún otro medio de transporte, el Zebú Shuttle, o Zebú Lanzadera. Como podéis ver en la foto, para atravesar toda esa parte de playa con marea baja montaron nuestro equipaje en un carro tirado por estos animales, y a nosotros en el siguiente. Éstos nos acercaron a la lancha, y en la lancha con otros turistas, mercancía y gente de la isla, salimos zumbando para Anakao. En poco menos de una hora atravesamos la bahía de san Agustín y el trópico de Capricornio y nos acercaron a la playa, literalmente, la teníamos cerca pero no estábamos en ella, así que el “vazaha” (blanco extranjero) se dio un baño de realidad (y agua de mar) y cargó con su equipaje a hombros hasta la orilla y el hotel. Nota: la cantidad de propinas inmerecidas que hemos dado en todos estos días, y hoy no había nadie que se la quisiera ganar.
Ya en el hotel (éste es una sucesión de bungalows que salen de un bar, cocina y sala de juegos que a su vez rodean a un chambao que hace las veces de comedor) se nos ha dado la bienvenida y se nos ha informado un poco de todo. Somos los primeros clientes de la temporada; de momento estamos solos; la luz es solar, y puesto el sol, pues lo que duren las baterías; el agua la bombean desde el pueblo, con lo que más que corriente es doliente… En fin, un poco estábamos sobre aviso, pero no tanto. Pero bueno, como a todo se acostumbra uno, estamos muy bien.
Ya instalados comimos aquí mismo, muy bien, destacando la sabrosa piña del postre. Y para pasar las horas de más calor nos refugiamos a echar una siestecita en el bungalow. Luego hicimos un intento de baño en el mar, pero por las tardes se pone algo más bravo y no apetece mucho, así que nos dispusimos a dar un paseo por la orilla hasta el pueblo de pescadores. Esa era la intención, pero nos interceptó un comando de niñas dispuestas a sacarnos los cuartos, así las cosas, con idea de echarles una mano, y sobre todo quitárnoslas de encima, llegamos a un trato y por 30000 Ariary nos llevamos varias chuminadas que no queríamos. Todo esto es un tema controvertido, veréis, estas niñas no deberían estar vendiendo nada sino en el cole (aunque siendo sábado…), pero lo cierto es que sólo buscan echar una mano en casa. El problema está en que por otro lado, hay padres que ponen a sus hijos a mendigar en lugar de ir al colegio. Entonces, de algún modo, creo que al comprarle cosas a los niños, se incentiva que éstos trabajen, o peor, mendiguen. Por otro lado, son muy insistentes, haciéndose del todo insoportables, y además te lo dicen, dame dinero y te dejo en paz, el problema es que aquí niños hay a patadas, y por mucho que quieras ayudar, a todos es imposible llegar; hemos comprado cosillas, repartido caramelos, galletas, fruta, cosas de aseo, bolígrafos, dejaremos algo de ropa, pero nunca es suficiente. En fin, ya os digo que no tengo claras las ideas al respecto, incluyendo si es bueno o no venir a hacer turismo aquí.
Total, que emprendimos nuestro paseo y, mejor o peor, soportamos las acometidas de sucesivos comandos, bien de niños vendiendo baratijas, de adultos ofreciendo “restaurantes” o excursiones en piragua, de mujeres ofreciendo masajes, trenzas o pareos; en fin, siendo pocos los turistas en la zona, somos un blanco perfecto (literalmente). Pues eso, cuesta encontrar un poco de tranquilidad, aunque parezca mentira.
Volviendo del paseo vimos ponerse el sol sobre el mar, perdón, concretamente sobre la isla desierta de Nosy Ve, adonde iremos mañana.
En el hotel disfrutamos de una cena a ratos a la luz de una vela, puesto que la instalación eléctrica que comentaba antes estaba un poco de aquella manera, y cuando volvimos de cenar decidió que no estaba por la labor, así que como niños buenos nos metimos en la cama a eso de las 21:00, con la alarma puesta a las 6:30 y los tapones en los oídos para conseguir dormir entre tantos sonidos inquietantes de la naturaleza. Eso si, ante de acostarnos estuvimos un rato disfrutando de la maravillosa vista del estrellado cielo.

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