1/4 Anakao – Nosy Satrana

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Después de desayunar vimos cómo Michelle, el propietario del hotel, se quedaba en tierra y no conseguía parar la lancha que le llevase a Toliara. Poco después llegaría “Dab” en su piragua, nuevamente con su churumbel y esta vez equipado con un motor fueraborda. Tras coger pan y agua nos montamos en la piragua, y rumbo a Nosy Satrana. De camino hemos pasado por delante de Anakao, de algún hotel abandonado, hemos dado la vuelta al cabo, visto de lejos otro complejo hotelero, y finalmente, tras cerca de una hora navegando la mayor parte del tiempo a vela, hemos llegado a esta otra isla desierta. Hemos dejado a Dab y su hijo montando el “picnic” y nos hemos ido a recorrer la isla. Primero hemos atravesado parte del interior, pero la abundancia de insectos cojoneros nos ha hecho desistir y nos dispusimos a recorrerla por la orilla del mar.
Al poco de ir por la orilla localizamos una zona donde el agua cubría más y donde cuando baja la marea se forman como unas piscinas naturales. Allí hemos estado un rato chapoteando viendo únicamente a lo lejos a algún pescador, una pasada.
A continuación seguimos recorriendo la orilla y, como estaba bajando la marea, viendo en las charcas todo tipo de animalillos, cangrejos, también ermitaños, estrellas de mar como la de la foto, cantidad de peces, y también aves “haciendo la compra”.
Finalizada la vuelta a la isla (el último tramo consistió en atravesar una bahía caminando sobre 4 dedos de agua), nos reencontramos con Dab & son, y vimos como llegaba a nuestro mismo árbol donante de sombra un grupo compuesto por una blanquita como nosotros y tres locales cargando con una nevera, mesa, silla y comida. Mi sorpresa fue mayúscula, ya que, nosotros, que íbamos en plan de picnic (habíamos hablado de unos bocadillos y punto) ya nos encontramos conque Dab extendía la vela de la piragua en la sombra y se disponía a hacernos un pescado a la brasa (que pescaría a continuación) con su salsa de sofrito de tomate riquísimo, hecho allí mismo en el mismo fuego del pescado. Pues eso, flipando por lo nuestro, pero más aún cuando vemos el chiringuito de la otra guiri, alucinante. Por cierto, que pescado y sofrito, riquísimos, todo metido en un pan hecho esta mañana en el hotel.
Después de comer defendiendo nuestra comida de los ataques de un grupo de lagartos a los que les gustaba el pan, nos hemos tumbado a descansar un rato. Luego hemos recogido el campamento y hemos recorrido un buen trayecto de bajamar hasta la piragua y hemos emprendido el camino de vuelta. Nos hemos despedido de Dab & son y tras una duchita (el agua sale más que con presión con depresión) para refrescarnos, estamos echando una siestecita. Nuevamente, la previsión es que, cuando baje un poco el sol, salgamos a leer a la sombra hasta ver ponerse el sol sobre el mar, luego cena, contemplación de cielo estrellado y a dormir. Buenas tardes.

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