Crónicas Niponas. Capítulo V: Hiroshima y Miyajima.

20111018 Día 5: Hiroshima y Miyajima, originalmente cargada por ZazaSVQ.

Buenas noches, o tardes, o lo que sea.

Como decíamos ayer, tiramos hacia Hiroshima en un tren nocturno, en el cual, cada plaza era un tatami donde se podía uno tumbar… y poco más, ya que el techo era muy bajo, ya veréis las fotos, y el suelo muy duro, ya veréis los huesos clavados. Encima el estrés de no pasarnos la parada no ayudó mucho. El caso es que, entre unas cosas y otras, durmimos más bien poco y mal. Hicimos el cambio de tren en Okayama, cogimos nuestro primer Shinkasen, y llegamos a Hiroshima en un periquete.

La experiencia del tren nocturno la tengo grabadísima, creo que hoy, más de un año después, todavía me duele la cadera. Había actitudes de todo tipo, gente que pasaron el viaje charlando silenciosamente, otros durmiendo a pierna suelta y luego yo, que entre la dureza del tatami, lo encajonado de mi situación (1’85 m de altura) y el estrés por el cambio de tren pues dormí muy poco, pero creo recordar que mis compañeras durmieron algo más. Ya en Hiroshima metimos las mochilas en una taquilla, desayunamos en la  misma estación y nos dispusimos a hacer turismo a patita.

Tras desayunar, fuimos a visitar un parque, pero había que pagar entrada y no queríamos entretenernos, así que lo dejamos. Continuamos hacia otro donde hay un castillo y varios árboles que sobrevivieron a la bomba A; también tiene un templo, donde vimos a varios monjes oficiando.

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Superviviente a la bomba-A

El castillo parecía interesante, pero el precio de la entrada nos pareció caro y ya teníamos en mente gastar tiempo en el Museo Memorial de la Paz de Hiroshima. Así que continuamos con nuestro paseo encaminándonos a la zona más turística, donde explotó la brutal bomba atómica, más exactamente, la zona que quedaba debajo de la explosión, ya que ésta se produjo unos quinientos metros por encima de la superficie.

De ahí nos dirigimos a la denominada Cúpula de la Bomba A, edificio cercano a la explosión que se mantuvo en pie. Y a partir de aquí ya el sobrecogimiento te invadía, es todo muy impresionante.

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Una Campana de la pazCúpula de la Bomba AtómicaPor donde llegamos nosotros a la zona de la explosión, lo primero que nos encontramos fue con lo que fuera el Museo Comercial de Hiroshima, construido para  la  Exposición Comercial de la Prefectura de Hiroshima y es el edificio que quedó en pie más cercano al hipocentro de la explosión; tras la cual deciden conservarlo en el estado en que quedó (salvo las actuaciones necesarias para que no se viniera abajo, que creo recordar que fueron tres). Desde entonces pasa a denominarse Cúpula Genbaku y constituye el denominado Memorial de la Paz de Hiroshima. Es impresionante ver las vigas de hierro retorcidas. De verdad, todo lo que os diga es poco, creo que es una de las cosas que es  necesario ver por si mismo para hacerse una idea. Ver cómo quedó el edificio, y pensar que es de lo poco que quedó en pie, te obliga a pensar en la barbarie humana y lo horrible que puede llegar a ser nuestro comportamiento. Justo al lado de este edificio estaba la campana de la foto, identificada como “Campana de la Paz”, pero que parece ser que no es “LA Campana de la Paz”, que parece ser una típica campana japonesa de 1200 kg y que se puede hacer sonar con un ariete de madera (típico también), para rizar el rizo,  también hay una campana de la paz colgando de la Estatua de los Niños de la Bomba Atómica que veríamos a continuación, pero antes pasamos por otro memorial, el Cenotafio de las Víctimas Coreanas, en homenaje a los millares de coreanos muertos en el bombardeo.

Luego visitamos algunos monumentos memoriales que hay por la zona, como el dedicado a los niños afectados, levantado en memoria de una niña que murió por leucemia.

 

Estatua de los Niños de la Bomba Atómica

Estatua de los Niños de la Bomba AtómicaP1170537Este monumento también impresiona muchísimo al ser consciente de su historia y su porqué. Y es que lo motiva una niña, Sadako Sasaki, quien enfermó de leucemia al verse expuesta a la radiación, y que comenzó el Senbazuru, antigua creencia de que realizando mil grullas de papel se cumplen los deseos. Podéis imaginar cuál era el suyo. Lamentablemente de poco sirvió, ya que falleció antes de terminar el millar de grullas. Lo que sí motivó fue que se reunieran fondos para erigir este monumento en su honor y en el de todos los niños afectados por la explosión de la bomba atómica. Es alucinante ver a multitud de grupos de escolares rendirle tributo cantando (o rezando, no sabría decir, me sonaba a canto, la verdad). Y es que, al parecer, desde pequeños inculcan a los niños el horror de la guerra, tanto el dolor que los mismos japoneses infligieron, como el que sufrieron en sus carnes. Y es que me quedó la sensación de que en cierta medida “no guardaban rencor” por la bomba atómica ya que, por así decirlo, “se lo estaban buscando”. Ojo, esto último es una opinión personal mía formada tras mi visita a Hiroshima.

Cenotafio

Cenotafio y Llama de la Paz

Nuestra siguiente parada (a escasos veinte metros) sería el Cenotafio Memorial junto al cual (o en el cual) está la Llama de la Paz (Aunque no se vea en las fotos ahí está), la cual no se extinguirá mientras perdure la amenaza que constituye la existencia de armas nucleares en el planeta. Vamos, que, lamentablemente, tiene pinta que va a estar encendida por mucho tiempo, desastre de humanos.

Por cierto, que creo que se me olvidó comentar que en un templo (o santuario, ahora no recuerdo) que visitamos en Ueno, en Tokyo, había una llama encendida con esta misma Llama de la Paz.

Luego visitamos el museo, muy completo, y muy interesante.

 

Reloj parado en la hora de la explosión En el museo se cuenta con todo lujo de detalles toda la historia que desembocó en que el ejército estadounidense arrojara sendas bombas atómicas primero en Hiroshima, y Bola que muestra dónde explotó la bomba posteriormente en Nagasaki. Se explica también cómo fue esta operación, e igualmente se explica lo que fue en sí la explosión atómica y sus devastadoras consecuencias. Para ello se hace uso de varias maquetas y gráficos así como fotografías de los días siguientes. Se muestran también distintos objetos relacionados con la explosión, como el reloj parado a la hora fatídica que podéis ver aquí al lado. Se ven también una serie de objetos que te ponen la piel de gallina, por ejemplo, cómo se clavaron cristales en una pared de cemento debido a la brutal onda expansiva o bien este montón de botellas que se soldaron entre ellas debido a las altísimas temperaturas que se alcalzaron. No os voy a negar que la visita a este museo es muy dura, y ciertamente te golpea con intensidad, pero estoy muy contento de haberla hecho. Una parte de la visita que me gustó especialmente es donde exponen las numerosas cartas que han ido mandando (y continúan haciéndolo) los distintos alcaldes de Hiroshima a los sucesivos mandatarios de las potencias nucleares pidiéndoles que pongan fin a su armamento nuclear para que un un horror así no lo vuelva a vivir la humanidad. En definitiva, es una visita que no puedo dejar de recomendar. A quien esté interesado en el tema le recomiendo la lectura de este magnífico artículo de Fogonazos.

Botes fundidos Cristales clavados

Después del museo fuimos a comer Okonomiyaki, que es una comida típica de Hiroshima, los tomamos con udon, tallarines gordos, y acabamos como para salir rodando, y nuevamente, baratísimo.

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Okonomimura

Siguiendo las indicaciones de la guía Lonely Planet  fuimos a parar a Okonomimura, un edificio en el que, en sus tres pisos, se reparten más de veinte restaurantes especializados en okonomiyaki, un plato típico de Hiroshima que está riquísimo en todas las variedades que lo probamos (En Madrid creo que sólo lo preparan en el restaurante Hanakura). En el restaurante en que entramos la especialidad era hacerlo combinado con udon, los tallarines gordotes, estaban muy ricos, y, por supuesto, baratos. El local estaba forrado de fotos y autógrafos imagino que de gente famosa. Como no puede ser de otra forma os recomiendo encarecidamente probar este plato a la menor oportunidad que tengáis, y si pasáis por Hiroshima, probablemente cualquier restaurante de Okonomimura sea buen sitio. Aquí debajo podéis ver el aspecto que tiene, y la curiosidad que es que te lo comas de la misma plancha en que lo cocinan.Okonomiyaki

Vista desde el tren

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Después de comer nos encaminamos hacia la estación de tren, donde tomaríamos una especie de cercanías que nos llevaría a Miyajimaguchi, de donde parten los ferrys que cruzan hacia la isla de Miyajima. Nos sorprendió la cantidad de escolares que iban tanto en nuestro ferry como en otros cercanos. Obviamente debe ser uno de los destinos de turismo interior que más éxito tienen.

Lo dicho, salimos rodando hacia la estación, y allí recuperamos las mochilas y tomamos el tren hacia Miyajimaguchi, donde cogimos el ferry hacia la isla de Miyajima; nos registramos en el hostal, una habitación chulísima, y corrimos a ver la puesta de sol en la zona del célebre Torii, el cual podéis ver en la foto (que abre la entrada), impresionante. (por cierto, el Sol se pone a eso de las 5)

 

Desde Miyajimaguchi ya se iba viendo al otro lado del “canal” el célebre Torii que da acceso al santuario de Itsukushima, y conforme vas avanzando, más imponente se hace, y más te atrae, ejerce un efecto alucinante. El barco se desvió un poco  y lo pudimos apreciar más de cerca. Con pleamar algunos barquitos incluso se aventuran a atravesarlo, tiene que ser una sensación sobrecogedora.

Torii

CiervosNada más bajar del barco nos recibieron algunos cervatillos autóctonos, y, aparentemente, habituados a tratar con humanos. Después de estar un ratillo viéndolos, continuamos buscando donde nos alojaríamos, y que fue todo un acierto, la Guest House Kikugawa, entonces, comparando con la oferta que había en la isla, resultó económica la estancia, y la verdad es que estuvo de maravilla, una habitación tremendamente grande, y con todas las comodidades, y un desayuno más que decente.

P1170640Una vez nos hubimos acomodado y tomado un té en el saloncito de la habitación, nos dispusimos a dar un paseo por los alrededores antes de que se pusiera el sol, a eso de las cinco de la tarde.

Así llegamos a la bahía donde se alza el torii, y precisamente en pleno tramonto (¡Cuánto me acordé de mi tía Marta!, con lo que ella disfrutaba i bei tramonti :’-) ) Entre la propia belleza de la puesta de sol, el escenario difícilmente mejorable, la compañía inmejorable, y lo antes mencionado, fue una experiencia emocionantísima. En fin, faltan las palabras para describirlo, espero que con las siguientes fotos os podáis hacer una idea.

Viajeras
TramonTorii
Foto de grupo I

 

Ya puesto el sol, seguimos bordeando la bahía mientras quedaba algo de luz, y como podéis apreciar, todavía fascinados por esta magnífica puerta.

Foto de grupo II P1170719

La marea bajaba rápidamente, y de hecho, Marta y Sara se atrevieron a acercarse un poco más al torii caminando por la húmeda arena.

Intrépidas con la marea baja Posando

Puesto el Sol dimos una vuelta por los alrededores y yo seguí sacando fotos hasta acabar mi batería, que era ya la segunda ya que ayer en el tren tampoco pude recargar la primera 🙁 después nos fuimos a cenar otra variedad de okonomiyaki, esta vez con soba (tallarines finos), y nuevamente delicioso y barato… más tiempo aquí y acabo hecho un tonelillo.

Cena en el pueblo

Como decía, una vez que nos quedamos sin luz alguna para seguir curioseando por la isla, y ya que iba bajando también la temperatura buscamos algún sitio para cenar, no había mucho donde elegir, la verdad, desde que se pusiera el sol el pueblo cambió por completo, las hordas de turistas tomaron sus ferris de vuelta a la isla principal y prácticamente todos los establecimientos cerraron; únicamente vimos tres restaurantes abiertos.

YukataGon

Entramos en uno de ellos y cenamos de maravilla, como fue norma a lo largo de nuestra estancia nipona. Podéis ver al lado de Marta la jarra de agua que normalmente te sirven nada más sentarte en cualquier restaurante, con el añadido de que nadie te mira mal si no pides nada más para beber, ¿lo había mencionado ya?

Y nada, después de cenar nos vinimos al hostal, hemos estado charlando, nos hemos aseado, y ya mis compis están durmiendo, así que mejor les sigo los pasos; seguiremos informando.

Pues eso, después de cenar, dimos otro pequeño paseo de camino al hostal, y estuvimos un rato de cháchara, planificando el día siguiente, comentando el día que acababa, y poco más; nos bañamos y aseamos, nos quedamos en la tradicional yukata, obsérvese mi estilazo.

A continuación podéis admirar lo que viene a ser un retrete japonés, plagado de tecnología, que, según el caso, podía incluir radio, algo que venía a ser como “lady sounds” para disimular “ruiditos”, tapa calefactada (lo que a mí me daba bastante grima), y toda una suerte de chorrillos infernales, que más vale conocer de antemano para no llevarse sorpresas desagradables debido a la curiosidad.IMG_2042

Aquí todas las fotos del día:

Y éste el mapa del día:

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Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

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